Poema publicado en la VIII Edición de la revista de El Vivero Cultural, La Seca (2024). ISBN: 2659-496X.
Respiré y se aplanó el horizonte.
La línea recta se hizo marisma.
Ya ni el viento la ondulaba.
No la vi extender su brazo y acogerme,
como antes hacía, y la ancha
distancia quebrada de su estómago al mío viajaba.
De separación un recodo.
No advertí el desplome hasta que los párpados apaisados coincideron
con el terreno llano.
A pesar de la soledad —o conducida por ella—,
la respiración continuó dócil, el alma tranquila.
Como si ya para siempre, sin importar
qué geografía yaciese delante,
me devolviera mi vaporosa imagen
el espejo del paisaje.